No aprendí polaco en una escuela. Lo aprendí a fuerza de pena.
Llevo tres años viviendo en Polonia. Cuando quise aprender el idioma, lo primero que me rompió no fue la gramática, fue la pronunciación. Sonidos que jamás había escuchado. Letras que no tenía idea de cómo sonaban. Lo intentaba y solo lograba pasar pena.
Busqué algo que me explicara cómo sonaba el polaco desde el español y no lo encontré. Así que lo construí yo. Sonido por sonido, situación real por situación real: el método que me hubiera ahorrado meses de vergüenza.
Eso es Polaco para Latinos sin Enredos.
No soy solo yo diciéndolo